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15.11.13

Lo que vemos, lo que no vemos y lo que queremos ver.


En su obra La cámara lúcida, el enorme Roland Barthes habla durante todo el libro de cierta foto de su madre, la única imagen en la que él la reconoce, la única en la que encuentra su verdadera esencia. Y ésa es una de las pocas fotos, sino la única, que Barthes no nos muestra a lo largo de las páginas. Leemos el libro, lo devoramos, esperando encontrarnos con esa foto. Pero la foto no está. Y no estará nunca. 
Nos quedamos pensando en ésa foto, en la vida y la muerte ocultas en cada imagen fija. Nos deja pensando en que cada vez que vemos una foto, estamos viendo no lo que es, sino lo que ha sido. También habla de que, a diferencia del cine, donde cada imagen está precedida por otra en una línea argumental y las imágenes se salen del encuadre, en la fotografía no. En la fotografía, los personajes están clavados (aunque tengan movimiento) y de allí no se salen. Porque seremos nosotros quienes los hagamos salir. O no.
Quizás por eso será que me gustan las fotos que no nos muestran todo y nos ocultan algo, las que nos cuentan una historia que no corresponde a un argumento. Donde el guión lo escribimos nosotros. Y donde cada uno creará, cada vez, su propia historia con sus alegrías y sus temores, con sus aciertos y sus dudas más profundas. Y no hablo de esas fotos con mensaje, por favor, que no se entienda eso. Menos aún, de esas infumables fotos con título. Ese título que nos habla como a estúpidos al oído, advirtiéndonos: -No te equivoques, estás viendo una paloma blanca, que representa la paz mundial sobre un cielo cubierto de negro smog, que simboliza la decadencia de las grandes ciudades, bla, bla, bla, bla.  Tengo una foto que me gusta, no porque sea buena, sino porque lo que cuenta y lo que deja de contar. En ella, hay unas mesas inmaculadamente servidas, quizás para el desayuno. Hasta ahí todo bien. Pero también hay una extraña polvareda que inunda el aire. Todo ocurre en un momento ciego en el que no sabemos qué es lo que está ocurriendo. Donde dudamos si lo importante ya pasó o si va a pasar, pero de lo que no dudamos es que allí algo no está del todo bien. ¿Dónde están ubicadas esas mesas, en qué ciudad? ¿Los colores y el polvo nos llevan a algún lejano país de medio oriente? ¿Por qué las mesas están servidas? ¿Dónde está la gente? ¿Debería acaso haber gente? ¿Acaso hubo una explosión, quizás un atentado? Y si es así... ¿por qué está todo en su lugar? La historia que cuente cada uno, seguramente será muy diferente a la mía, que estuve ahí. ¿Pero acaso importa conocer mi realidad? ¿O hay otras realidades que también cohabitan esa imagen y también son válidas? Claro que las hay. Somos curiosos sin cura. Voyeurs de guantes blancos que nos estamos acostumbrando a pellizcar las revistas para intentar ver las fotos más grandes, entrar en ellas. En mi caso, he llegado a contener el impulso de picar una foto, escondiendo la mano hasta de mí mismo. Pero a esa altura el pellizco ya se lo habremos dado con los ojos y nos guardaremos la impotencia de no poder ver más adentro. Porque ahora vemos más adentro, que no es lo mismo que ver más profundo. Antes, el límite nos lo marcaba el papel y sus rugosidades. Ahora no. Quizás por esa curiosidad que tenemos y tanto valoro, siempre me llamó la atención el hecho de que alguien decida escribirse algo, tatuarse un texto en su piel. No un dibujo o una forma, sino algo escrito. Me pregunto entonces qué lleva oculto ¿por qué eligió esa frase o esa palabra? ¿por qué esa tipografía y esos colores? ¿por qué eligió ese idioma que quizás no es el suyo y ni siquiera domina? ¿por qué eligió tatuarse en ése lugar y no en otro? No sé por qué. Lo único que sé es que los papeles se borran y se rompen, pero la piel es para siempre. Y escribir para siempre, es otra cosa. Pensando en éste asunto de los escritos y sus misterios, desde hace pocos meses llevo en Facebook un proyecto fotográfico participativo en donde invito a la gente a enviarme sus fotos de tatuajes escritos en el cuerpo y que me cuenten sus historias ocultas (https://www.facebook.com/EscritoEnElCuerpo) Y hace poco ocurrió algo que me llamó la atención. Subí una foto que me enviaron, pero al subirla no se veía el tatuaje. Pero el tatuaje estaba ahí. A ver, por esas cosas de la autoedición digital, la foto rectangular se reencuadró automáticamente en un formato cuadrado mostrando su parte ciega, donde no había tatuaje, donde no mostraba más que, digamos, un delicado hombro al descubierto de una mujer de pelo lacio, que asomaba desde un camisón en tonos rosas. ¿Y el tatuaje? Click para ver. Debo decir que el encuadre no fue planeado, sino pura casualidad, regalo de los algorritmos de Facebook. Los más inquietos, cuando entraron a ver la foto, se encontraron con un elegante y sugestivo tatuaje sobre la piel de aquella mujer. No había ningún engaño, el tatuaje estaba ahí y lo había estado siempre. En las primeras 24 horas tuvo 577 vistas (en el momento en que escribo esto, lleva 710). Nada mal para un proyecto que sólo tiene, hasta el momento, algo más de 500 entusiastas seguidores y colaboradores.  La respuesta de Facebook al pequeño fenómeno fue un aviso automático que ponía algo así como "Esta imagen ha obtenido un rendimiento de un 95% superior al resto, aproveche para promocionarla y obtener mayores resultados". Caramba. Como en la vida: donde unos ven un cuerpo con un tatuaje y una historia, otros ven un negocio prometedor. Pero en definitiva, todos ven algo diferente. Y eso está muy bueno.  Como diría mi abuelita: -Ha visto?

13.11.13

Último momento: Los QR de El norbi en Muyricotodo

muy
"El Norbi innova en el mundo del retrato incorporando el código QR dentro de sus estrategias favoritas. Huidobro, Fuentes, Bender y Bart Simpson, todos ellos pasaron por su grilla conversora de retratos. Hoy les mostramos una selección de algunas de sus creaciones". Esto sostiene el portal de artes visuales, de música y de tecnología, "muyricotodo", que acaba de publicar una nota sobre nuestro trabajo utilizando el código industrial creado por la filial Denso Wave de Toyota en 1994.
"Cuenta la historia no oficial del código QR que fue creado por la filial Denso Wave de Toyota en 1994 para el seguimiento de los vehículos durante el proceso de fabricación. Teniendo en cuenta la velocidad de producción de la automotriz, el código diseñado debía ser rápidamente decodificado, sin error y con mucha información. Hoy, esta iconografía pixelada ha provocado una revolución visual en los Estados Unidos, en Canadá y en Hong Kong. Ya las redes sociales están tratando de encontrarle explicaciones a esas extrañas figuras que se esconden detrás de los cuadrados negros, incluso algunos ensayan relaciones entre propiedades de las marcas y la forma en que están ordenados los espacios en blanco."
Para conocer la nota completa escrita por India Herrera, podés entrar aquí.
Gracias Muyricotodo/Ariel Chavez/Luisa Tomatti

7.10.13

Último momento: La revista Ultrabrit presenta a Richard Coleman

Coleman_Cummins Un amigo de la casa, Gus Giorgi, director de la revista de cultura brit, nos invita a las Ultrabrit Live Sessions.
"Arrancamos los eventos nocturnos de ULTRABRIT en The Roxy Live de Palermo con una leyenda viva y su mejor disco en muchos años". Con semejante intro, Giorgi nos quiere avisar que el cuarto Soda, el gran Richard Coleman, presenta su nuevo disco "Incandescente".
El considerado por muchos críticos el mejor disco del año se podrá conocer este jueves 10 de Octubre, en una noche con todo el rock brit.

4.10.13

Último momento: Infografreaks en la FADU-UBA

Captura de pantalla 2012-10-19 a la(s) 12.52.55
Este miércoles, desde las 19:30, invitados por la Cátedra Ledesma, vamos a presentar lo más nuevo que estamos haciendo en comunicación visual. Nuevamente vamos a estar en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), de la Universidad de Buenos Aires, para mostrar una nueva forma de informar visualmente, con creatividad, algo de espíritu lúdico, y trabajando conceptos claros.
Porque Infografreak es eso, creatividad a la hora de informar, y que hoy se convierte en una alternativa válida frente a la crisis mediática mundial. Por eso, a Idoia Soto, Directora de Acuerdo, lo más nuevo en periodismo online, le gustó mucho nuestro trabajo con las Infografreaks y nos sumó al proyecto.
Por eso, en la última edición de los premios internacionales a la infografía, los Malofiej, se instaba a todos a ser infografreak (Be Infografreak).
Entonces, eso que empezamos, en solitario, hace ya siete años, cuando estábamos en el diario La Nación, hoy tiene el reconocimiento de la comunidad visual.
Por todo esto, este miércoles, los estudiantes de Comunicación de la Cátedra Ledesma podrán sumar a su conocimiento infográfico algo nuevo y distinto.
Anteriores presentaciones de Infografreak en universidades argentinas y latinoamericanas:
1. En la Universidad Científica del Sur, de Lima, Perú.
2. En la Universidad del Pacífico, de Acapulco, México.
3. En la Universidad Católica de Asunción, de Asunción, Paraguay.
4. En la Universidad Católica de Chile, de Santiago, Chile.
5. En la Universidad Ort, de Montevideo, Uruguay.
6. En la Universidad Nacional de Quilmes, de Quilmes, Argentina.

1.10.13

Último momento: Valeria Cini compartirá su arte con refugiados sirios en Jordania, Turquía y el Líbano

valeria
Si uno lee su bio puede llegar a enterarse un poco qué es lo que hace. Pero Valeria Cini es más que una cantante, una guitarrista y una compositora argentina. Por ejemplo, uno se puede enterar que ella trabaja en la investigación y en la creación de música que busca fusionar la de Brasil, Uruguay y Argentina.
En esa bio, ella ya nos empieza a dar pistas de lo que hace y no puede dejar de nombrar su Proyecto Estuarios.
"Fusión de la música del Brasil y la del Río de La Plata (Argentina y Uruguay) en lo musical y también en el lenguaje con uso del "portunhol". Donde el agua del río se mezcla con la del mar, genera un nuevo lugar: música de "estuarios", con Nicolás Segura y Vanesa Aguilar".
Pero hoy Valeria Cini quiere compartir con nosotros un nuevo proyecto que dará que hablar, y mucho. Ella va a trabajar con el mundialmente conocido Patch Adams, ese médico que cambió la forma de relacionarse con los pacientes y familiares en situaciones hospitalarias. Para él, "curar puede ser un intercambio de amor y no una transacción económica".
Y Cini estará ahí, trabajando con este luchador social que inspiró una película con su normbre, protagonizada por Robin Williams. "Se me presentó la oportunidad única de trabajar con Patch Adams llevando mi arte y música en una misión de paz y amor.
"El 14 de Octubre viajamos a Jordania, junto con Vanina Grossi, y 10 clowns y músicos seleccionados de todo el mundo, a visitar y trabajar en el arte en campos de refugiados sirios en Jordania, Turquía y Líbano".
Para conocer un poco más semejante obra, entren acá.

25.9.13

Último momento: Nuestras Infografreaks en lo más nuevo del periodismo digital

ACUERDO
Cuando en julio conocimos el blog Pissed Off Readers, en el que se podría seguir el armado de Acuerdo, una nueva publicación digital española, no lo pensamos demasiado. Era una oportunidad de llevar a la práctica esto que venimos diciendo en nuestros talleres de periodismo visual, a lo largo de latinoamérica.
Porque Acuerdo es, como dice su editora, Idoia Soto, "un pacto con el lector" y un “acuerdo de una generación de profesionales que están desilusionados por el periodismo que se está haciendo hasta ahora, sin aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías y de los nuevos formatos, y que están de acuerdo en otro tipo de periodismo y de contenidos”. Como parte de ese pacto, el lector puede ver lo que está pasando en la redacción, a través de una cámara fija.
A Idoia Soto, quien pasó por las redacciones de "El País" y "El Mundo", le gustó mucho nuestro trabajo y nuestras Infografreaks, por eso nos invitó a participar de este nuevo medio online.
Entre los colaboradores se pueden encontrar al gran Rafa Höhr, quien fue Director de Gráficos en el diario inglés "The Sunday Times"; el historietista norteamericano Joe Sacco, autor de libros periodísticos como "Palestina", "Gorazde: zona protegida" y "El mediador"; y Pablo Gutiérrez, infógrafo online de "El Mundo", "Lainformacion.com" y "ABC.es".
El lanzamiento de Acuerdo, Major Journalism For Pissed Off Readers [Acuerdo, periodismo de primera para lectores cabreados] será a principios de noviembre.

18.9.13

ÚnderGüer: Cuando el amor le gana a la violencia.

LES

Hoy se cumple un mes del Festival Locos Para Todos, realizado por diferentes agrupaciones independientes a beneficio de los pacientes del Hospital Borda. Dr. Baraka, Cachito Rock, Redimidos, Kumbia Poesía, Responsables No Inscriptos, Los Bombarderos y Katarro Vandáliko ofrecieron sus shows en el escenario de Salón Pueyrredón, la comunidad contracultural que le abrió las puertas al festival cuando los miembros de la organización se vieron imposibilitados de hacerlo en el predio del hospital.


Fotografías de Dana Bianca Logroño.





Muchísima gente con raros peinados se hizo presente en el lugar para apoyar la causa, acercando sus donaciones de ropa y alimentos para intentar cubrir algunas de las falencias con las que cuenta actualmente el hospital.
Locos Para Todos, la respuesta pacífica, artística y comprometida al desinterés y la violencia que nos rodean. Que no se corte.

2.9.13

«De Gutenberg al iPad: el mundo de la edición digital»


CHAPPA

  Entrevista a fondo
                                            
José Manuel Lucía Megías  ·  © Jesús Castaño 

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¿Cómo se produjo su primera experiencia con un libro electrónico?

Comencé a interesarme en el libro digital y en la difusión de los textos por medio de la red en el año 1997, cuando trabajaba en el Instituto Cervantes, en el Área Académica. En aquel año preparé un informe porque estábamos trabajando en la creación de una biblioteca virtual, que luego no se llevó a cabo pues en el año 1999 apareció la «Biblioteca virtual Miguel de Cervantes», impulsada desde la Universidad de Alicante. En 1998 surgió mi primer trabajo sobre el tema: «Editar en Internet (che quanto piace il mondo è breve sogno)», que se publicó en la prestigiosa revista argentina de crítica textual Íncipit, dirigida por Germán Orduna. El tema me interesó y me sigue interesando, así que siempre he tenido o intentado tener un lector digital. Ahora es el iPad el lector que utilizo para leer, escuchar música, ver vídeos y películas, almacenar fotografías, navegar, jugar…

¿Realmente estamos asistiendo a un cambio de paradigma mucho más trascendente que la invención de la imprenta? ¿Porqué?

La imprenta como tecnología vino a dar solución a un problema empresarial que los scriptoria medievales laicos no podían afrontar: ofrecer ejemplares a la gran demanda de lectores, que creció en toda Europa en el siglo XIV. La imprenta de Gutenberg (y su gran invento de los tipos móviles, la verdadera clave de su éxito) no quería cambiar el texto sino ofrecer más textos en menor tiempo para así dar respuesta a este mercado. El primer libro de éxito que Gutenberg va a imprimir será La Biblia. Cada formato de canal de escritura va a imponer una serie de cambios en la configuración del texto: el rollo (el texto continuo pero muy dividido), el códice (la capacidad de compilación y organización textual, la ordinatio), el libro impreso (la portada, los paratextos)… y cada época va a ir configurando modelos literarios con una serie de características lingüísticas y estilísticas que permiten agruparlas en géneros, en corrientes, en movimientos artísticos.
            El texto digital que comparte, en apariencia, algunos de estos cambios –una simplicidad sintáctica, necesidad de una mayor segmentación para propiciar el uso de enlaces, la capacidad de unir diferentes morfologías de la información– supone un cambio sustancial frente a lo que hasta ahora hemos vivido. Desde la invención de la escritura y su consolidación como medio del saber en la Grecia del siglo IV, toda la tecnología de la escritura se basaba en un elemento físico que le alejaba de algunos elementos propios de la oralidad. En apariencia, el texto digital es «escritura» al modo tradicional (usa el mismo juego de signos y modelo de aprendizaje y de realización), pero es solo una apariencia: el texto digital no está físicamente escrito en un soporte, sino que se basa en un lenguaje matemático que puede albergar más información de la que aparece en la pantalla del ordenador o de la tablet. De ahí que las posibilidades del texto digital estén todavía por explorar. Mucho se ha hecho y mucho se hará cuando nos alejemos del falso icono de la imprenta como modelo del cambio de paradigma que vivimos en la actualidad.

En su libro, usted alude al texto digital como como portador de una «nueva oralidad» y de una «nueva textualidad». ¿Podría precisarnos ambos conceptos?

La oralidad, hasta el triunfo de la escritura como medio básico del aprendizaje y el conocimiento, era el medio habitual para la transmisión del saber, pero también para su generación. El aprendizaje se hacía mediante el diálogo, el intercambio directo del conocimiento. Platón aprendió de su maestro Sócrates mediante el diálogo, pero Aristóteles prefería quedarse en casa aprendiendo del diálogo con los textos escritos antes que con las enseñanzas orales en la Academia ateniense. La oralidad nunca se ha perdido en nuestra sociedad. Una oralidad productiva en la Edad Media, oralidad que se ha ido limitando a esferas privadas en culturas no letradas. Ante esta oralidad, y con el éxito de los inventos audiovisuales en los siglos XIX y XX, se acuñó el concepto de «segunda oralidad»: aquella que se basa en la voz para la transmisión del saber y del conocimiento, pero que no se genera en el momento de realizarla, sino que se basa en la lectura de un texto escrito: el guión de radio, televisión, cinematográfico…
            De la mano de este concepto, he acuñado el término de «segunda textualidad» para poder definir al «texto digital». Es textualidad porque se basa en la escritura (signos alfabéticos que aprendemos a leer, identificar y producir), pero en realidad lo hace en un medio que no es físico, que es virtual como lo es la tecnología digital, con lo que permite recuperar algunos aspectos esenciales en la oralidad que se habían perdido: la posibilidad de crear grupos, la lectura y escritura simultánea al margen del espacio que ocupen sus emisores y receptores, la temporalidad… El texto digital, la «segunda textualidad» vendría a ser una nueva forma de sincretismo en el paradigma de oralidad y escritura, que estaban llamados en la tecnología sincrónica a ser siempre dos focos independientes de la generación y transmisión de las ideas y del conocimiento.

El lanzamiento del formato estándar ePub en 2007 finalmente no fue el disparador para el despegue definitivo de los e-books. ¿Cuál cree usted que será el momento o la herramienta que permitirá que el libro electrónico logre carta de ciudadanía ante el lector promedio?

El ePub venía a dar respuesta a una necesidad que todavía no se ha impuesto: la necesidad de un estándar. ¿Qué es un alfabeto? Un estándar. ¿Qué es el código ASCII? Un estándar. El ePub iba (y va) más allá de crear un determinado modelo de escritura reconocible por cualquier dispositivo, sino que quería aprovechar las cualidades, las características del propio formato web, del nuevo modo al que nos vamos acostumbrando a recibir y tener información.
            De este modo, tenemos dos problemas: por un lado, el problema de la industria que no desea tener un estándar, sino que nos movamos entre varios lenguajes, cada uno incompatible (o complicados) entre ellos para así sacarle el máximo beneficio económico a la inversión realizada en tecnología; y por otro lado, la dificultad de ir creando estándares de modelos de texto, que permitieran avanzar en sistemas que el lector entienda que son diferentes a los conocidos hasta ahora. Hemos de avanzar más allá del incunable del texto digital, es decir, de concebir textos digitales que sean idénticos a los textos analógicos, tan solo que se difunden en un formato digital. ¿Para qué emigrar a un nuevo lector si el libro me da todo lo que necesito? Y tienen razón los que así opinan (como tenían razón los amantes de los manuscritos únicos que se opusieron a los libros multiplicados por la imprenta en el siglo XV).

¿Por qué aún hoy muchos grandes grupos editoriales de Iberoamérica dan la espalda al e-book? ¿Se debe a desidia, prepotencia, ignorancia?

No hay nada de desidia, prepotencia o de ignorancia. O quizás haya mucho de los tres. Ha habido hasta ahora una tendencia que era la de negar la posibilidad de cambio en los modelos de negocio de la imprenta actual, que proceden de los modelos de la edición industrial que triunfó en el siglo XIX. Las grandes empresas editoriales –con todo su poder económico y mediático– creyeron que podrían dominar este peligro, igual que algunas grandes empresas informáticas de los años setenta despreciaron el ordenador portátil con prepotencia y sucumbieron con los años ante este nuevo mercado.
            A las grandes empresas editoriales les cuesta mucho modificar su modelo de negocio, que se basa en el almacenamiento de millones de ejemplares y en su distribución, en una tecnología basada en la mutiplicación de los libros. Pero todo ha cambiado en los últimos años, y todavía todo cambiará mucho más cuando consigamos una wi-fi universal y el acceso a Internet sea tan fácil como el que hoy en días tenemos en nuestra sociedad con la luz y el agua. Hoy es el día de las editoriales imaginativas, las que no tengan miedo a innovar, a reinventarse en cada momento. Los modelos de negocios de ayer ya no son los de hoy, y mucho menos los de mañana. Tardará un poco más o un poco menos, pero las empresas editoriales que no apuesten ahora por una real transformación y acercamiento a la industria editorial digital, están llamadas con el tiempo a desaparecer. Solo las grandes industrias informáticas que, sin renunciar a su modelo de negocio, fueron capaces de abrirse a los adelantos y apuesta de los hackers del siglo XX son las que han sobrevivido.

Tal vez al mundo editorial le haga falta el cimbronazo que vivió la industria discográfica la década pasada para tomar conciencia de que este potencialidad del libro digitalde nuestra capacidad cerebral. Algo similar sucede con la enorme potencialidad del libro digitsá tirando piedras sobre su propio tejado...

Ya lo van teniendo. Poco a poco. Es cierto que el mercado del libro electrónico, de los textos digitales, no termina por emerger (por falta de títulos, de editores comprometidos, de un acceso no universal a Internet, etc…); pero también es cierto que las cifras de la venta de libros en papel han bajado de manera escandalosa en los últimos años. Lo único que sube en el panorama presente es la piratería, que está mostrando nichos de negocios que ahora nadie está aprovechando. El sistema antiguo está llamado a desaparecer, pues está aquejado del mal de los dinosaurios. Si algo hemos aprendido o deberíamos aprender de la industria discográfica y de lo que le ha pasado en los últimos años (y es una industria con un potencial económico mucho mayor que la editorial) es que ahora el papel del usuario, del consumidor, del lector, no es pasivo, que se le pueden imponer hábitos y modas. Todo lo contrario. Ahora son las modos y usos de los usuarios, de los lectores, los que deben marcar los movimientos de las industrias.

Dicen que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral. Algo similar sucede con la enorme potencialidad del libro digital, que hoy está increíblemente desaprovechada, sobre todo en mercados como España y Latinoamérica. ¿Existe algún megaproyecto público o privado para comenzar a enmendar este estado de cosas?

Yo no conozco ninguno. Lamentablemente en Europa –y me temo que siguiendo su estela, también en América– se han hecho inversiones millonarias para la digitalización de nuestro patrimonio, nuestra memoria escrita, como un modo de ofrecer otra voz, una alternativa pública a la gran apuesta tecnológica y comercial que suposo Google Books. Pero esta apuesta e inversión millonaria no ha venido acompañada de una inversión en proyectos de innovación tecnológica para la creación, difusión y conservación del saber en los soportes digitales. Los grandes proyectos de bibliotecas textuales de los años noventa del siglo XX se han venido sustituyendo en grandes bibliotecas patrimoniales o generalistas, que ofrecen miles y millones de documentos digitales, pero que se quedan en un plano de mera copia de los modelos analógicos.

El libro digital parece haber provocado un cambio apenas cuantitativo, cuando el gran desafío es cualitativo, enriqueciendo exponencialmente la experiencia multimedia que permiten los nuevos soportes ya disponibles en el mercado. ¿Qué vislumbra usted al respecto para el próximo lustro?

Si algo tiene de apasionante la tecnología digital es que no hay una hoja de ruta, no hay un lugar al que ir, y este espacio lo vamos construyendo con nuestros usos, con nuestras carencias. Cuando a principios del siglo XXI solo se hablaba de la web semántica, de la capacidad tecnológica de pasar de la información al conocimiento, ese nos parecía a muchos el futuro y abogábamos que este futuro iba a cambiar nuestros modos de relacionarnos. Y de pronto, llegaron unos jóvenes que no encontraban en la tecnología digital –que seguía siendo piramidal y direccional– respuesta a sus inquietudes, y comenzaron a idear sistemas por los que el usuario debaja de ser un sujeto pasivo para ser también creador de contenidos. Frente a las «páginas personales» que nos venían instaladas en los ordenadores, el blog; frente al álbum de fotos, Flickr; frente a la colección personal de vídeos, YouTube; frente a los chats y mensajes, Facebook y Twitter… la conocida como «Web 2.0» vino a revolucionar (y lo sigue haciendo) nuestros modos de acceder y de crear contenidos. ¿Cuál es el futuro? Ni idea. Lo que sí tengo claro es que será tal y como nosotros queramos que sea. Si nos quedamos mirando hacia otro lado o lamentando tiempos pasados mejores, nunca avanzaremos. O serán otros los que avancen y luego a nosotros nos cueste más adaptarnos a ellos. No seremos más que visitantes del futuro, añorando que sean otros sus residentes.


Acerca de José Manuel Lucía Megías

José Manuel Lucía Megías es Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y Coordinador Académico del Centro de Estudios Cervantinos desde 1999. Además, dirige la plataforma literaria «Escritores complutenses 2.0» y desde 2010 la «Semana complutense de las Letras» de la Universidad Complutense de Madrid.
            Especialista en «Humanidades Digitales», libros de caballerías, crítica textual e iconografía de El Quijote. Es Director del Banco de imágenes del Quijote: 1605-1915 y, actualmente, es presidente de la Asociación de Cervantistas.      
            Como escritor, ha publicado los siguientes libros de poesía: Libro de horas, Prometeo condenado, Acróstico, Canciones y otros vasos de whisky, Cuaderno de bitácora, Trento, Tríptico e Y se llamaban Mahmud y Ayaz, además de diversos poemas en antologías y revistas.
            Es también traductor y mantiene una columna semanal en el Diario de Alcalá, titulada «El cuaderno rojo». Es director, junto con Francisco Peña, de «Poesía en el corral», un ciclo de espectáculos poéticos en el Corral de Comedias de Alcalá, y forma parte del equipo asesor del «Rincón de la poesía» en la Biblioteca Manuel Alvar de la Comunidad de Madrid.
            Asimismo ha sido comisario de diez exposiciones; dos de ellas en la Biblioteca Nacional de España: «Amadís de Gaula (1508): quinientos años de libros de caballerías», y «BNE: trescientos años haciendo historia». En 2012 publicó Elogio del texto digital, claves para interpretar el nuevo paradigma (Fórcola Ediciones).

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Entrevista: Julián Chappa
Fotografía: © Jesús Castaño

©opie, acopie, fotocopie, clone y difunda libremente este texto.
Si cita fuente… ¡hablará muy bien de usted!

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Nota: La traducción al inglés de esta nota fue publicada el 1º de septiembre de 2013 en la revista digital Fair Observer: http://www.fairobserver.com/article/digital-publishing-interview-jose-manuel-luc%C3%ADa-meg%C3%ADas%20.

19.8.13

«Tratando de explicarle a mi abuela qué es Twitter»


CHAPPA 


—¿Quién es ese tuíte, otro de esos sabandijas amigos tuyos?
—¿Qué?
—¿Qué es eso de tuíte con lo que tanto escorchás a cada rato?
—¡Qué buena pregunta, abuela! A ver si soy capaz de explicártelo…
—Se llama Twitter y es una especie de telegrama por computadora, digamos.
—¿Eh?
—Sí, algo así. Podés escribir un máximo de 140 caracteres…
—¿Caract… qué?
—Caracteres. Palabras, abuela.
—¿140 palabras?
—No, palabras no. Perdoname, 140 caracteres, o sea letras.
—¿Letras? ¿Se mandan mensajes secretos? ¡En qué andarás metido vos!
—Tranquila, abuela. Es una nueva manera de comunicarse nomás, pero con frases cortas.
—¿Y es para ahorrar electricidad de la computadora eso así tan cortito?
—Ja ja. No, es… ¿cómo explicarte?
—¡Como un telegrama pero más rápido!
—No, nada que ver.
—¿Porqué?
—Porque antes, cuando mandabas un telegrama, era porque tenías algo importante para decirle a alguien. A alguien que conocías, además.
—¿Y con esa cosa qué se dicen ustedes entonces?
—Generalmente, pavadas.
—¿Y vos lo usás mucho a ese aparato?
—No.
—¡Ah, qué alivio!
—No, digo que no es una aparato abuela. Es algo virtual, que no existe, no se puede tocar…
—Qué rara que es la juventud, nene. ¡Me preocupás vos!
—Rarísimos somos, sí.
—Todavía sigo sin entender qué es el bendito tuíte.
—Es que la culpa es mía, porque no sé explicártelo bien.
—¿Me querés decir que soy una ignorante?
—¡Nooo! Es que yo mismo no sé a ciencia cierta para qué carajo sirve realmente el Twitter.
—¿O sea que vos usás algo sin saber qué es ni para qué te sirve a vos?
—Psí… Mirá abuela, ahora que lo pienso un poco es verdad, no sé.
—Yo lo veo para zonzos. Porque si te gusta escribir no alcanzás a decir nada, ¿no?
—Sí, tenés razón.
—¿Y lo usa mucha gente?
—¡Pufff! ¡Está de moda!
—Ahhh. ¿Está de moda decirse cosas cortitas, amarreteando palabras?
—No, bueno… ¡Sí!
—¿Sí o no?
—Sí. Los que lo usan, y saben para qué lo usan, dicen que es genial.
—¿Y quiénes lo usan?
—¡Ni idea!
—Qué raro estás desde que usás esas cosas…
—Por ejemplo casi todos los famosos tienen Twitter. ¡Y tienen millones de seguidores!
—¿Seguidores? ¿Esos fotógrafos que les sacan fotos chanchas por la ventana?
—No, abue. «Seguidores» en Twitter es cuando alguien te sigue…
—¿Adónde te sigue? ¡Tené cuidado a ver si te siguen a vos, por favor!
—Yo quiero que me sigan muchas personas, es lo que todo twittero quiere.
—¿Quién te sigue querido? No me hagás hacer mala sangre.
—Te explico abuela, «seguidores» son personas que siguen tus comentarios, que leen las boludeces que vos escribís ahí en esa cajita cuadrada donde caben las 140 palabras.
—A ver, mostrame esa cajita a ver si así lo entiendo mejor.
—No, es una cajita, un rectángulo que te aparece en la pantalla de la compu, y ahí adentro vos escribís lo que quieras.
—O sea que los que te siguen no te siguen a ningún lado, sino que leen tus telegramas, para decirlo en criollo.
—Sá, algo así. Los que te siguen son gente a la que le gusta lo mismo que a vos, gente que quiere que los demás sepan lo que ellos opinan de las noticias de los diarios y esas cosas.
—Qué al cuete que está esa gente, ¿no?
—Sí, puede ser...
—¡Están al cuete así como vos!
—No, yo no. Creo. No creo. Digo yo.
—¿Creés que no estás al cuete vos, ellos o todos?
—Me aburre que me acribilles así a preguntas…
—¿Pero entonces vos a quién le mandás esas pavadas, a tus amigos?
—Y… a gente de todo el mundo, depende.
—¿Ehhh? ¿De todo el mundo? ¿Depende? ¿Tenés amigos en otros países? 
—No, son gente que conozco por Internet…
—¿Por la máquina esa?
—Sí.
—Je je. O sea que en realidad no conocés a esa gente. Te escriben veinte palabras querés decir.
—Bueno, algo así. Te mandás fotos, música, cosas que te gustan.
—¿Fotos de ellos?
—Claro.
—¿Y cómo sabés que el que te manda la foto es el de la foto?
—Abuela, ¡me sacás de mis casillas, no entendés nada!
—¿Es o no es el de la foto el que te escribe?
—Ni idea. Yo creo que sí, pero no sé si será verdad.
—Macanudo. Veo que la tenés clarísima, como decís vos.
—La cosa es que conozco a gente de todo el mundo.
—¿Y qué les decís en veinte palabras a personas de todo el mundo que no conocés?
—Les cuento lo que estoy haciendo.
—¿A gente que no conocés le contás lo que estás haciendo? ¡Cada vez te entiendo menos, querido…!
—Yo tampoco entiendo mucho para qué lo hago.
—¿Y esa gente no trabaja, igual que vos?
—Qué se yo, me estás haciendo sentir un estúpido con esas preguntas.
—¿Te estoy haciendo sentir yo?
—Perdoname. Tratando de explicarte todo esto me doy cuenta de cosas en las que nunca me había puesto a pensar.
—Mirá vos, ¡eso es bueno! Es la primera frase coherente que decís.
—Voy a pensar para qué uso el Twitter y otro día te respondo mejor.
—Debe ser lindo ese aparato si sabés usarlo, sí.
—No sé. ¡Pero no es un aparato te dije, che!
—Lo que sea, no sabés explicarme ni siquiera qué es entonces.
—Es algo para escribirse con gente, saber cómo están, dónde están, qué hacen,  ¿entendés?
—¡Ilusa de mí! Yo estaba convencida de que hacían cosas complicadísimas escribiendo en esas teclas, mirando ese televisorcito con cara de zombis…
—Me voy a twittear a mis amigos para que me expliquen tanta duda insistencial.
—Andá, querido, andá… Yo me voy a preguntarle a la vecina del fondo si su nieto también usa ese bendito tuíte, por ahí sabe explicarme mejor que vos qué miércoles es ese aparato.









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