En estos momentos en que los códigos QR viven su hora de gloria y aprovechan sus 15 minutos de fama, se pueden encontrar casi hasta en la sopa —y no exagero... pero mejor no darle ideas a nadie— se agradecen los buenos usos y aquellas iniciativas que realmente entienden de que va la película. Sí, seguramente a más de uno le vendría bien ver este video para que entienda de lo que hablo.
Bueno, ya, tampoco quiero parecer uno de esos que se quejan de todo a diestra y siniestra, así que mejor hablar de lo bueno. Si estás por las calles de Barcelona y tenés suerte —más suerte aún que el propio hecho de estar en Barcelona— puede ser que te topes con algunos de los códigos QR que se han pegado como parte de Invisible Maps.
'¿Y qué es esto de Invisible Maps?' —se estará preguntando noble señor, señora, tutor o encargado—. 'Tranquilo, que acá estoy yo para responderle' —diré yo así tan calmo como si la pregunta me causara sorpresa—. No es más que un proyecto que pretende rescatar memorias y recuerdo de personas, simples mortales habitantes de la ciudad Condal. Estas historias y etcéteras son subidos en forma de fotos, videos y audios a los que se puede llegar tanto visitando la web, como leyendo alguna de las código-pegatinas-qr con su teléfono inteligente más cercano.
Es una buena idea que incentiva a que la gente ventile sus más oscuros secretos e intimidades, o no tanto, que tengan que ver con algún lugar en la ciudad. Así en vez de recordarle una anécdota o un hecho histórico a los amigos al pasar por una esquina, puede simplemente decirle que lea los códigos para tener la versión completa de la historia y no sólo un esmerado resumen.
Pero creo que mejor dejo de hablar de QRs. Acabo de ver uno que acá a la derecha arriba, me está saludando y seguramente también preguntándose si su existencia, como la de tantos otros, tiene sentido.


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