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Literalmente, una revista en «posición adelantada». |
El 10 de diciembre se cerró la venta anticipada de «Orsai», la nueva revista de Hernán Casciari. Se vendieron 10.080 ejemplares en 32 países. Llama la atención que en países como Bélgica se hayan vendido alrededor de 40 ejemplares, unos 30 en Suiza, 10 en Países Bajos y otro tanto en ¡Hungría!
También sorprende que en Brasil solo se hayan vendido 20 ejemplares, y apenas una decena en Francia, países con fuertes lazos con Argentina, buena cantidad de argentinos residentes, población muy grande y buen poder adquisitivo.
Otras reflexiones que me produce lo que está sucediendo con «Orsai»:
I. Romper esquemas
Se puede. Lo están demostrando. Todo esto juega a favor del lector, que recibe un producto cultural de mayor calidad y sobre todo, sin condicionamientos de ningún tipo. La maquinaria que encarece y condiciona a la prensa libre puede eludirse con buenas ideas, coraje y talento.
II. Revalorización del lector como fundamento de la existencia de cualquier revista
El lector, ese gran olvidado del mercado editorial actual. Un ser manipulado y engañado por los intereses de los grandes conglomerados multimediáticos que digitan lo que debe o no debe ser difundido, leído, consumido. «Orsai» devuelve al lector lo que es de él. El lector vuelve a ser protagonista, actor principal, porque eso es lo que somos. Si no compramos la revista, sea cual fuere, deja de publicarse.
III. Efecto dominó de confianza
Como pequeño distribuidor de la revista que soy, en la puerta de mi casa se repite una escena que no deja de sorprenderme y gratificarme y creo que tiene que ver con la manera de plantear las cosas, con el (re)planteo tan simple como radical que propone la revista en cuanto a distribución y participación de los lectores. Eso está provocando que todos confiemos en todos, a ciegas.
La gente toca el timbre, me saluda sonriente, me deja el dinero de una o varias revistas mientras charlamos de la hermosa locura de la que todos nos sentimos partícipes, con una mirada cómplice, es hermoso. Una pequeña revolución. Aunque parezca naïf, personalmente lo siento así, y percibo lo mismo en la confianza de la mirada ilusionada de los que como yo, confían en que todo esto es un complot, pero por fin uno a favor de la gente.
Da la impresión de que somos un grupo de miles de amigos repartidos por el mundo ayudando a un grupo de amigos argentinos que viven en Sant Celoni que tuvieron una gran idea y la están haciendo realidad.
IV. Lo virtual y lo real
A partir del blog de Orsai, es decir a partir de algo virtual, estamos generando una verdadera marea de contactos que se harán reales cuando entreguemos las revistas. Gente que además en general tenemos muchos intereses comunes, gente con la que realmente uno tiene ganas de charlar y conocerse.
V. El poder de la gente vs. la gente del poder
Tal vez sea utópico, pero siento que esta aventura de Hernán, Chiri y todo el equipo de Orsai está provocando una avalancha de reflexiones alrededor del mundo sobre la manera de hacer las cosas, poniendo sobre el tapete aquella gastada perogrullada de que «la unión hace la fuerza» y haciéndonos volver a creer que esa suma de individualidades puede generar un movimiento que nos represente, que nos una bajo algo en común en lo que todos creemos y para lo que todos estamos dispuestos a aportar nuestro grano de arena difundiendo, comprando, distribuyendo, haciendo afiches, formando grupos, cada uno desde su lugar sumando al proyecto un átomo que lo enriquece. Y lo hace de cada uno de nosotros, ínfima pero genuinamente.
VI. Libreros
Fueron muy pocos los libreros que apostaron, que creyeron. Es lógico según la lógica que les han inculcado, mejor dicho les han impuesto las grandes editoriales y los distribuidores. Con el tiempo ellos han acabado por creer que eso está bien, se han habituado a esa lógica perversa y tremendamente injusta para ellos y sobre todo para el vapuleado lector. Eso hace aún más valioso y meritorio el logro de la pre-venta. Y muestra una vez más que el sistema imperante en la venta de libros (y revistas culturales que se venden en librerías) es retrógrado y está desfasado con la realidad. Como dice Hernán, «es demasiado sigloveinte». La pregunta de todos los libreros cuando les decís si conocen la revista es «¿Quién la distribuye». Se quedan azorados cuando recibe como respuesta: «Yo». Algo está cambiando. y —por una vez— está cambiando a favor del lector, de la literatura, de la difusión de los contenidos culturales de calidad. Y sobre todo está prendiendo la mecha de la revalorización de la confianza en el otro.
Julián Chappa